Ya fue la “Marcha de las putas” y ahora qué.
0 comentariosEl 12 de junio se realizó la “Marcha de las putas”, cuál fue su fondo y qué sigue de lo que trata este texto.
En enero de este año un oficial de policía en Toronto, Canadá dijo a unos estudiantes que “para evitar los ataques sexuales, las mujeres deben evitar vestirse como putas.” Este comentario generó una fuerte reacción en Toronto y ahí se inicia el movimiento llamado “Slutwalk”. El movimiento ha tenido un enorme eco en muchos países del mundo como Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Sudáfrica, India, Brasil, Argentina, Nicaragua, Irlanda, Australia, Nueva Zelanda, Holanda, Suecia, Dinamarca, Kyrgistan y por supuesto México, en varias ciudades del país. No es de extrañar que las ideas del Slutwalk hayan sido retomadas y promovidas en tantas sociedades y culturas, ya que el culpar a las víctimas de ataques sexuales por su forma de vestir, actuar, vivir, etc. no es nuevo ni exclusivo de una sociedad en particular.
Este es el fondo de la Marcha de la putas. No es una marcha dirigida a las autoridades, sino a la sociedad en general. Lo que este movimiento busca es hacerle entender a las personas que no importa la ropa, ni las actitudes, que sin importar si se es una ejecutiva, un ama de casa o una prostituta merecemos respeto y nada de lo que hagamos puede ser considerado una invitación a ser violentadas sexualmente.
También se buscó concientizar sobre el acoso, en especial el acoso callejero disimulado de halagos y piropos. Es muy difícil medir este tipo de violencia y hacerle ver a la gente que sí es agresión. Más de una vez he comentado esto y más de una vez he recibido como respuesta lo siguiente: “No entiendo por se ofenden con los piropos cuando en verdad les están subiendo el ego”. No, así no funciona, gritarnos cosas en la calle, vernos de manera lasciva y ser casi violadas con la mirada no nos alimenta el ego, al contrario nos humilla, nos denigra, nos produce miedo y nos transforma en objetos. Recordemos que las agresiones sexuales están más relacionadas al poder que al sexo.
Me gustaría aclarar que no todos los comentarios o piropos llegan a ser ofensivos, hay halagos y reconocimientos de la belleza, incluso por parte de desconocidos, que son muy válidos e incluso bonitos, la diferencia radica en la forma de decirlo. Me parece muy importante no caer en generalizaciones que pueden llevar a transformar algo tan lindo como una halago en un ataque.
Algunos de los comentarios más comunes que he escuchado al respecto de la marcha y del concepto en general sobre la vestimenta de las mujeres son algo como esto: “si enseña es por que seguro quiere” o “si se visten así es para llamar la atención”. Sí es cierto, parte de nuestra vestimenta está enfocada en llamar la atención y entra dentro de nuestros rituales de cortejo. A final de cuentas somos seres sexuales y como todas las especies tenemos que encontrar maneras de atraer a esa pareja que nos interés. Pero entre cortejar y abusar o acosar existe una enorme diferencia y el querer llamar al atención de una posible pareja no le da derecho a nadie para violentarme.
La marcha resultó una experiencia motivadora, que me llenó de esperanza. Los participantes fueron mujeres, hombres, niños, bebes, gente mayor; no puedo generalizarlos en un grupo porque las más de dos mil personas que estuvimos presentes, somos parte de todos los sectores sociales, unidos por la idea de que las actitudes o la forma de vestir no pueden ser una excusa para el acosos y el abuso sexual. Pero lo más impresionante es que el respeto no solo fue el fondo y la exigencia de la marcha, sino que se sintió en cada paso que se dio.
A través de este movimiento las mujeres estamos reclamando nuestros cuerpos, para vestirlos como queramos, sin miedos, sin prejuicios. Esta marcha fue sólo un primer paso, el inicio, el reconocimiento de que una mal escondido invade nuestra sociedad. Lo hermoso de la marcha fue ver a tantas personas tan diferentes buscando terminar con estas terribles actitudes que nos dañan como personas.
Pero si la marcha fue el inicio, qué sigue. Aunque a través de este movimiento se busca un impacto a gran escala, y me parece que difundir estas ideas por 17 países ya es ganancia, debemos empezar por lo más básico, nosotros mismo, pues los ideales son cambiar estereotipos culturales muy arraigados en nosotros. Acabar con el machismo no es fácil, en especial cuando muchas veces somos las mismas mujeres las que lo promovemos y reafirmamos, pues fuimos educadas con ciertos estandares de cómo se comporta una dama.
Empecemos por levantar la voz dentro de nuestro círculo cercano de amigos y familia, recordemos que estas actitudes no son exclusivas de la gente sin educación, el machismo en nuestra cultura está tan naturalizado que ya no lo vemos en sus formas más simples, por eso es importante volvernos conscientes de nuestra forma de actuar y levantar la voz cuando escuchemos un comentario o presenciemos una actitud ofensiva o denigrante. Es momento de cambiar, de evolucionar, de entender las diferencias entre cortejo y acoso.
Para terminar les dejo algunas frases que se coreaban el domingo entre los asistentes a la marcha y que resumen muy bien lo que busca este movimiento.
“Mi faldita no me hace facilita.”
“No, no me da la gana ser una mujer sumisa y abnegada. Sí, sí me da la gana ser una mujer consciente y liberada.”
“No soy una vagina, tampoco unos pechos, soy una mujer exigiendo sus derechos.”
“Ni santas, ni putas, sólo mujeres.”
Foto: Jacobo Arellano | El Universal
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