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Atada por demonios

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El tiempo pasa
veloz, inminente,
imparable.
A veces,
sin darnos cuenta.

Nubes, frío, llanto,
demasiadas lágrimas
he derramado por
la pasión moribunda.

El fuego se extinguió
con lentitud,
en una batalla
ardua y dolorosa.

Todo el calor,
las feroces llamas,
han sido reducidas
a cenizas,
de las que ocasionalmente
brota una fugaz chispa.

Me aferro a esa chispa,
a esa diminuta sobreviviente,
mientras no deje brillar
el fuego seguirá vivo,
latente y escondido,
pero vivo.

Anhelo reavivar
las llamas,
anhelo reavivarlas
a su lado,
que sea él quien
encienda la hoguera,
quien despierte de nuevo
a la bestia.

Con él entendí el amor,
un amor inocente y tierno.

Él, que me arranca sonrisas
aún cuando no quiero,
cuando creo que no puedo.

¿Por qué el amor
destruye a la lujuria?
¿Por qué cuando amo
con tranquilidad,
el fuego es sofocado?

El fuego es alimentado
por la pasión;
la pasión despierta
a los demonios.

Solía pensar que el amor
lograba dormir
a los demonios,
mas no tiene
control sobre todos.

Demonios feroces,
posesivos y celosos
viajan con el amor.

Los demonios del amor
son las cicatrices que
éste ha generado.

Anhelo vivir
libre de demonios.

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