Inesperado
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Trataba de salir a flote,
de recuperar la fe.
Me ahogaba con lentitud
en un mar de soledad,
de desesperación.
Llegaste en el momento justo,
cuando pedí por ti,
cuando mis lamentos
se transformaron en deseos.
Eres la luz que de nuevo
alumbra mi camino,
de forma innata llevas
los rayos de esperanza.
No puedo mentir,
no puedo engañarme,
estoy aterrada.
Mi corazón ha sangrado
y aunque tú lo iluminas,
no toleraría que se
rompiera nuevamente.
Cuando por mucho tiempo
busqué con desesperación
las respuestas,
tú me las diste sin siquiera
conocer las preguntas.
Estuviste en mis brazos
y te añoro desde
el instante que te
separaste de ellos.
Mi mente me tortura,
me cuestiona.
¿Es real que mi corazón
late tan aprisa por ti,
o sólo es que me sacaste
de la oscuridad en la que
comenzaba a perderme?
No, no permitas que
mi verdugo, yo misma,
me engañe tan
cruelmente esta vez.
En tus ojos encuentro
esa verdad eterna,
esa chispa que
en algún momento
tuve y se derritió
en las mentiras.
Te necesito, te sueño,
me provocas insomnio.
Necesítame.
Anhelo descubrirte
poco a poco,
sin prisa, sin presiones,
siguiendo el curso adecuado.
¿Cómo entraste a mi vida?
No lo sé,
pero agradezco y atesoro
cada segundo que
estás a mi lado.
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